Revelación

 

Oración de Amor para el Bautismo de Luz

y la Comunión de los corazones

 

Te damos gracias Jesús, Luz de la Verdad, de la Libertad y de la Caridad.

Un rayo de Tu Amor ilumine el corazón de los que se marcharon, de los que están por marcharse, de los perseguidos, de los afligidos, de los enfermos, de los pobres, de los que han sido robados y de los marginados.

Juntos, corazón a corazón, ofrecemos la gran oración del sufrimiento, en comunión con Jesús que vive en nosotros, para la Salvación de nuestras almas y de todas nuestras creaciones.

Donamos con el corazón un pensamiento de amor y de misericordia a los hermanos animales que están sometidos, sin piedad alguna, al sufrimiento y al martirio.

La Luz del Ángel Creador ilumina nuestro tiempo y el tiempo de los tiempos, anunciando a Dios y al Hombre su Voluntad de volver a abrazar el eterno Amor, el Cristo, e invitándonos a todos a seguirlo al Reino de la Salvación para continuar hasta el Reino de la Perfección.

El Ángel Creador, Hijo de Cristo, al Principio creó a Dios; el Espíritu de Dios manifestó el Verbo. El Verbo, Energía Espiritual, creó la luz, los ángeles, el cielo, el reino mineral, el reino vegetal, el reino animal y el Hombre a imagen y semejanza de Dios.

Dios, Don Indivisible Omnipresente, recibió la misión de guiar con el Amor los Reinos Celestes y el Hombre la misión de guiar, con Amor el universo mineral, vegetal y animal. Después sucedió que una parte de energía se separó de su propia misión y del Verbo; dicha parte dejó de ser Dios y Hombre.

Al Principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.

En todas las acciones creadas, perfectas o imperfectas, está presente el impulso separador, convertido en error.

La energía que se alejó del Verbo-Dios, dio inicio a otras desviaciones y creaciones, creando otros dioses, condicionados por el espíritu de la división. Una parte de energía de Adán también se separó y formó a Eva; estas energías, al perseverar en seguir la separación, crean continuamente contrastes, enfermedades, guerras, terremotos y perturbaciones devastadoras.

Arrepentido de su experiencia creativa, primera causa de la imperfección, el Creador pidió ayuda a su Padre, el Cristo, para parar la creación de la energía separada que seguía involucionando, alejándose de la Perfección, de la Gracia del Conjunto y de la Luz de la Omnipresencia.

En el Corazón del Ángel Creador crecía cada vez más el arrepentimiento por su primera acción separativa y entonces Éste dirigió una oración a su Padre, el Cristo: "Te doy gracias Padre, sálvanos, transforma nuestra separación, dónanos la posibilidad de reconducir todo a la unidad. Soy consciente de que mi experiencia ha sido la causa de esta manifestación y ahora, por el gran dolor, mi corazón se ha petrificado con toda la creación".

Desde su propia Chispa Generada el Ángel percibió la respuesta: "tú también eras Uno conmigo. Yo siempre he estado presente en ti, en la Chispa Generada: María".

Ante esta Luz, el Amor manifestó un calor de esperanza que se transformó en Perdón. El Ángel decidió entonces volver con su Padre a través de María. Éste pidió a Dios, al Verbo, a los Espíritus Guías y a las criaturas de buena voluntad meditar juntos sobre cómo mejor actuar para anunciar su propósito a toda la creación.

Una parte de criaturas acogió con alegría su anuncio, quedando en silencio, ayuno y penitencia, otra parte se rebeló.

Un rayo de Luz se transformó en Sangre Generada y entró en el Corazón del Ángel, exhortándolo: "Hijo mío escúchame, preparemos juntos las condiciones para que Yo pueda encarnarme en ti y en todas las criaturas que quieran acogerme, para donarles el Camino de la Salvación, la Verdad para volver a la Unidad y la Vida Generada para transformar la vida creada en Verdadera Vida.

Anuncia a la joven María, Alma purísima, predispuesta a ser Manantial de Gracia, que gotas de Sangre Generada están presentes en su Corazón Inmaculado para ser donadas a todas las criaturas de buena voluntad”.

Jesús desde la cruz, con el Verbo anunció a María, su nueva labor de Madre y Guía de Juan, el primer hijo retornado al Principio.

El Ángel Creador en Comunión con María, manifiesta este Milagro de Amor a la energía esclava de la separación, a toda la genealogía creada, a todos los nacidos que buscan la Verdad, a todos los que se marcharon que siguen buscándola y a todos aquellos que creen y viven en Gracia.

El Ángel nos invita a todos a creer en la Luz de Cristo para recibir el Don de los Dones: el Bautismo del Amor para volver al Principio en comunión con María y Juan.

La Luz de la Verdad revela a la Creación el significado de las tres Cruces.

Jesús, clavado a la Cruz del centro, representa al Cristo Padre Generador, Él es la Luz llegada a las tinieblas, Don de Ejemplo para su Hijo, el Ángel Creador, para todos los hijos y los hijos de los hijos. Cada hijo, ya sea que provenga del reino de los Ángeles o del reino mineral, vegetal o animal, siguiendo el impulso separativo, padece las mismas consecuencias, condensándose en la desgracia.

Ahora, junto a la Gran Oración que es nuestro sufrimiento, en comunión con el sufrimiento Cósmico en Jesús, podemos transformar la separación en Unidad de Amor.

Jesús dijo: “Padre haz que todos sean Uno, como Nosotros somos Uno”.

La Cruz de la derecha representa aquella parte de la Creación que, hoy como entonces, pide: “Señor llévanos a tu Reino”.

El Amor, a los hijos separados que piden volver a entrar en la Una y Trina Vida de Dios, responde: “Hoy mismo estaréis conmigo en el Paraíso del Perdón en el Camino de la Salvación”.

La cruz de la izquierda representa el reino de la separación que es rechazo y oposición a la Luz de Cristo. No obstante este rechazo el Amor renueva el Don, invitando al arrepentimiento para volver al Reino de la Salvación.

La perseverancia, operante en la Unidad de Amor, es una virtud que lleva al renacimiento para conocer la Verdad y vivirla en el Don del Amor.

La Luz de María exhorta a sus hijos: “Creed en Cristo Padre, no creáis en la separación. Confiad en la Verdad ya que las enfermedades, los errores y los miedos no tienen vida en sí mismos. Creed en el Don del Amor, para el Amor todo es posible: el Amor ha vencido al mundo”.

Cada criatura está dividida en dos partes. Bien y mal; cada acción realizada, enriquece una parte y empobrece la otra. La criatura se habrá salvado cuando, con la ayuda de Jesús, alcance la Unidad.

Los hijos de María son aquellos que acogen en su propio corazón el Bautismo del Amor y la Gracia de poder volver al Don de la Verdadera Vida.

Bienaventurado aquel que persevera en querer ser de buen ejemplo y no de escándalo.

Para quienes no acogen la invitación de renacer en el Don de la Gracia, en el momento más oportuno, se volverá a presentar una nueva posibilidad y entonces podrán rezar así: “Padre nuestro que estás en los Cielos, ayúdanos a acoger el Don de la Salvación; ayúdanos a entrar en el Paraíso del perdón y a renacer, con humildad, en el Don del Amor”.

En virtud del gran sufrimiento todos serán transformados en Ángeles de Luz.

Un rayo de Luz del Amor se dona a todas las criaturas indefensas y abandonadas, exhortándoles: “Adelante, liberad vuestros pensamientos de los vínculos creados, buscad la Luz del Amor y seguid la Palabra de Dios que es Don de Amor”.

Unidos al Ángel Creador, junto a todas las Divinidades, a Dios, al Hombre, a las criaturas encarnadas y desencarnadas, a todas las células y a las acciones presentes y pasadas que acogen en el propio corazón el Don del Amor, damos gracias a Jesús, al Espíritu Santo y a la Chispa Inmaculada del Creador Padre por la Gracia de poder renacer en la Sangre Generada de Cristo.

 

Gracias Padre, Hijo y Espíritu Santo

Gracias Verbo Inmaculado

Gracias María

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